Manuel Ulloa Cruz se queda parado frente a las gradas del Estadio Neza 86 y mira hacia arriba, como si en el concreto viejo pudiera encontrar otra vez a sus amigos, los partidos de Toros Neza, la calle llena, los domingos de futbol y esa parte de la vida que ya no vuelve, pero que todavía aparece cuando uno regresa al lugar donde fue feliz.
“Para mí esto es un monumento. Son muy bonitos recuerdos que tenemos del estadio y nos gustaría que se siguiera conservando, a lo mejor ya como monumento, que sí hubiera partidos de exhibición, para que las nuevas generaciones al menos vengan a conocer lo que sus padres en algún momento vivieron de jóvenes”, dijo el hombre.
Luego de ser sede mundialista en 1986 y después casa de los Toros Neza, en 2013 el inmueble cerró definitivamente sus puertas al futbol profesional. De vez en vez se ocupa para albergar algún torneo amateur, actividades deportivas o como escenario de eventos políticos.
A cuatro décadas de recibir a las selecciones de Dinamarca, Escocia y Uruguay, las autoridades le dieron “una manita de gato” al inmueble para recibir visitantes durante el Mundial 2026, sin embargo, la pintura no logra esconder del todo las grietas, las tribunas limitadas, el desgaste de los años y esa sensación de inmueble que se quedó a medio camino entre la memoria y el abandono.
Visto desde arriba, el Estadio Neza 86 parece estar partido. Una abertura oscura baja entre las gradas, atraviesa filas de concreto manchadas por la humedad, se pierde entre pasillos, escaleras y muros recién pintados. A los lados quedan asientos de cemento con rastros de pintura azul, amarilla y roja, como si el estadio aún intentara vestirse de fiesta, pero el cuerpo ya está cansado.
De cerca, en los escalones se observan grietas finas y parches levantados, en las zonas pintadas aparecen pedazos de concreto desprendido, huecos junto a los accesos, bordes rotos y polvo acumulado, mientras debajo de la techumbre se ven charcos, humedad, columnas metálicas, trabes envejecidas y manchas que recorren el techo.
El Neza 86 fue una de las sedes del Mundial México 1986, pero casi cuatro décadas después su presente se cuenta entre recuerdos, grietas, uso limitado y una rehabilitación que hasta ahora sólo alcanza para mostrarlo de nuevo, no para devolverle la vida que tuvo.